Hola bloggeros.
Hoy os presento una receta muy interesante y sencilla tanto para comer en casa como para llevaros de excursión o a la típica "cena erasmus" donde cada uno lleva su especialidad. La elaboración es muy fácil y el resultado es excelente y fácil de transportar. Yo he hecho esta versión en particular, pero una de sus ventajas es que siguiendo los pasos de la receta base luego podeis hacerlo de cualquier cosa que os apetezca. De espinacas con jamón serrano y queso, de varios quesos (intentad usar dos suaves y uno de sabor más fuerte para que predomine un sabor), de salmón, de verduras... Sólo hay que poner a funcionar la imaginación.
Ingredientes:
1 masa de pasta quebrada o pasta brisa
1 cebolla mediana
2 puerros medianos
7 lochas de jamón serrano
3 huevos frescos
400 ml de nata para cocinar
Sal, pimienta y nuez moscada.
Todos ellos los encontraréis con mucha facilidad en supermercados o grandes superficies. La masa quebrada se compra refrigerada o congelada. Yo creo que no merece la pena hacer en casa este tipo de masas, porque son bastante complicadas y las que se venden suelen ser de buena calidad. Asi que si no eres muy cocinitas méjor ahórrate este trabajo innecesario. Por otro lado yo en mi receta he usado nata para cocinar, pero también podéis hacerlo con leche deshidratada que da un buen resultado.
Lo primero es poner a punto es la masa. Si la hemos comprado congelada es necesario sacarla a un lugar plano y a temperatura ambiente hasta que se descongele y sea maleable para que podamos trabajar bien con ella. Nunca más de 30 minutos porque estaría demasiado blanda.
Colocamos la pasta en una fuente y la adaptamos a sus formas. Si no os encaja bien podeis cortar de un sitio y añadir en otro hasta que lo haga. Luego pinchamos con un tenedor la superficie para evitar que se hinche al cocinarlo, colocamos un papel albal o papel de cocinar (lo que tengais por casa) sobre la masa y cubrimos con garbanzos. Esto se hace para que al cocinarse con el calor del horno la pasta no suba y quede plana. Horneamos en el horno precalentado a 180º durante unos 15 minutos.
Mientras la pasta se hornea, podemos dedicarnos al contenido. Cortamos la cebolla y los puerros en cachos relativamente pequeños (en juliana tambien funciona muy bien), ponemos una sartén con un poco de aceite al fuego y reogamos hasta que la verdura esté blanda y bien pochada. Cortamos el jamón en cachos de un tamaño similar a la verdura y lo salteamos en otra sartén a fuego fuerte. Una vez que todo esté listo lo mezclamos en una misma sartén y añadimos algo de pimienta negra.
En un bol ponemos los tres huevos y batimos. Luego añadimos la nata y mezclamos con movimientos suaves. Es importante no añadir la nata antes de batir los huevos porque podría entrar aire en la mezcla y crecer demasiado dentro del horno. Yo suelo echarle nuez moscada porque le da un toque muy especial, pero vosotros podeis experimentar con las especias que mejor os parezcan. Cuando esté uniforme añadimos las verduras y el jamón y rectificamos la sal.
A estas alturas ya habremos sacado nuestra masa quebrada del horno. Retiramos los garbanzos (pueden utilizarse para futuras ocasiones) y el papel de cocina o albal y añadimos nuestra mezcla. Procura que no rebose demasiado porque luego será más difícil desmoldar el quiche.
Sólo nos queda devolver el pastel al horno que ya teníamos a 180º y dejarlo ahí unos 25 o 30 minutos. Esto del tiempo no es una ciencia exacta porque depende del grosor del quiche. La mejor manera de hacerlo bien es esperar a que toda la superficie del pastel tenga un color dorado y uniforme. Es importante que la masa quede bien cocida.
Y ya está todo listo. ¡Ahora a disfrutar!
Bon appétit !
lunes, 22 de octubre de 2012
jueves, 23 de febrero de 2012
13 vs. Dunstan
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Parece que últimamente no os dedico
demasiado tiempo, ¿no es cierto bloggeros?. Pongámonos entonces un
poco al día.
Hace tan sólo unas horas daba la
vuelta a la última página escrita de El quinto en discordia,
de Robertson Davies. No intentaré contaros maravillas, tampoco es
para un Nobel, pero sí destacaré algunos aspectos interesantes.
Personalmente ya el título me sedujo.
El quinto en discordia. No sé si sabéis algo de música clásica,
pero este personaje es una figura fundamental en toda ópera que se
precie. Al héroe y a la heroína, junto a sus respectivos lacayos,
debe unirse unirse siempre un quinto personaje que pasa a todos
inadvertido pero sin el cual la historia no sería posible.
Davies es sin duda un aprovechado. Se
aprovecha de que todo ser humano se ve a sí mismo como este
engendro, que como el Cesare de Caliggari existe pero no se sabe por
qué. Son pocos los que ven en sí el papel protagonista. Algún caso
se me viene a la cabeza pero casi todos, literarios o no, terminan en
desastre. La mayoría de nosotros tenemos la idea de que pasamos
desapercibidos a nuestros semejantes, de tal manera que resulta fácil que todos veamos en nosotros mismos al
querido Dunstan.
Un personaje anónimo y en cierto modo
anodino que sin embargo se convierte en la figura clave, en el gran
protagonista sin el cual la historia simplemente no funciona, no
puede existir. Eso sacia en cierta forma nuestro frustrado afán de ser el centro del mundo.
Y aún así juega con el pobre Dunstan
y con nosotros colocando a su vera arquetipos de perfección.
Criaturas hermosas y encandiladoras que por comparación le otorgan
un cierto aspecto grotesco, cuya perfección y encandilamiento se
termina tornando contra ellos mismos, concentrados como están en
ejercer el papel que se les ha otorgado, sin darse cuenta de que los
hilos se manejan desde otro lado.
¡Y qué dulce es el mecer de las
páginas!. Al fin y al cabo ser aprovechado es una gran cualidad para
un escritor. El mundo literario es muy duro como para no explotar
cada recurso posible. Lo importante es el resultado conseguido. Ser dinámico, hacer parecer fácil lo difícil. Ahí
está el secreto de su talento.
Si tuviera que hacer algo de crítica,
diría que de lo único que carece es de aquello que poseen las
grandes obras, que no puede
imitarse ni aprenderse. La marca imborrable que pervive de forma
invisible en nosotros como la de quien vive algo en carne propia. La
pervivencia de la historia diez minutos después de que hayas dado la
vuelta a la última página escrita.
martes, 7 de febrero de 2012
De cómo un helado se convierte en poesía.
Hola bloggeros:
Hoy cambio un poco de
tercio y me paso al mundo del cine. Y si voy a comenzar nuevo
apartado debo de hacerlo como deben de empezarse todas las cosas. A
lo grande.
Os presento pues el film
Fresa y chocolate. Una participación cubano-española, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, de la
que puedo decir sin duda que es mi película preferida.
Hace ya muchos años (y
no soy tan mayor) que la ví por primera vez por recomendación de mi
gurú particular y aún hoy, tras haberla visionado más de 100
veces, sigo diciendo lo mismo. Que hay muchas formas de poesía, y
que ésta (junto con Lorca) está entre mis favoritas.
Podría hablaros de su
fotografía, de la genialidad de las tomas de la antigua Habana que
parece disiparse ante nuestros ojos devorada por la pobreza y la
ruina. Hay ocasiones en las que durante la hora y media larga de
película me parece estar allí mismo, al otro lado del charco,
iluminada por ese sol intenso y cálido y rodeada por olores en los
que se mezclan la frescura de la mañana y el tabaco.
Pero voy a ir un poco más allá
La riqueza de esta película radica, bajo mi visión personal, en lo
mágico de cómo la historia es contada. De cómo los personajes
adquieren un realismo que te parece inusitado. No se trata del típico
drama social “a la española”, si bien guardo a este género un
profundo respeto. Aquí el drama no es drama, porque es vida. Y como
en la vida, no podemos ser felices siempre. La felicidad es una
emoción demasiado intensa para que perdure. Sólo puede existir como
en un fogonazo, que después de un gran destello se apaga y nos deja
de nuevo como estábamos, aunque sepamos que existía hace sólo un
momento. ¿Nunca has mirado fijamente a una luz y al cerrar los ojos
seguías viendo un gran punto blanco?.
Asique en realidad
nuestros días pasan entre un conjunto de sentimientos y emociones
que van mucho más allá. La mayoría del tiempo no estamos felices
ni desolados. Quizás sí desorientados, pero ese es otro tema.
La vida posee cosas de la
comedia y el drama, pero sobretodo es inesperada. Inesperada en las
personas que nos atraen, en nuestras familias, en nuestro trabajo y
en nosotros mismos. Asique aquí el final feliz en realidad no
importa. La gran diferencia entre el cine y la vida es que por mucho
que lo desees, la realidad no te permite jugar con el tiempo. Un fin
nunca es un fin (salvo la muerte), porque lo quieras o no el día de
mañana llegará igualmente. Y quizás sea eso lo que me conquista.
Que en realidad sabes que su vida continua, e intuyes en qué modo lo
hace, aunque tanto ellos como tú prefirais ignorarlo.
Pero si algo se vuelve
verdaderamente poesía en esa hora y media es el propio Diego. Diego
que es mágico todo él. Y no lo puedes evitar, te enamoras. De la
forma genial de reírse de sí mismo, de su curiosidad por el mundo,
de su amor generoso, de su valentía... pero también de su
humanidad, de su miedo a sus defectos. Él es todo aquello que los
demás quisiéramos ser y nunca seremos. O por lo menos él es todo
aquello que yo quisiera ser y nunca seré.
Desde luego la actuación
de Jorge Perugorría no hace más que darle brillo al personaje.
Sinceramente no sé a qué se dedicó después de esta película,
aunque aquí con vosotros me comprometo a hacer algunas pesquisas,
pero su actuación no puede calificarse de menos que de genial.
Lo que daría yo por
fumarme un habano en la silla “especial” y compartir con él la
bebida del enemigo. ¡Qué de conversaciones imaginadas con Rocco
ronroneando a mis espaldas!.
Ahora ya lo sabeis asique... Bon appétit !
domingo, 5 de febrero de 2012
Los mandamientos del Buen Lector.
Quizás he topado entre
mis lectores con gentes muy versadas en literatura, en cuyo caso
espero que no sean muy duros en su crítica. Pero si aún eres
profano en estos temas y quieres dar un giro tal a tu vida como para
convertirte en Lector, y lo escribo con mayúsculas con toda la
intención, no te lo tomes a broma. Lo que convierte la cotidianidad
en un placer es el ritual. Sin él las cosas se vuelven aburridas,
homogéneas. Yo aquí te propongo las siete leyes del buen lector.
Los siete caminos que todo bibliófilo debería llevar en los
zapatos.
En primer lugar, quiere a
tus libros. Un auténtico lector acaba por desarrollar un cierto
sentimiento de paternidad (yo casi diría de maternidad) hacia el
libro poseído. Como si en cierta manera el poseerlo fuera parte de
su creación. Como si al leerlo también nosotros fuésemos el autor.
Eso tiene mucho sentido puesto que cuando leemos creamos en nuestra
imaginación, dejamos de ver las letras para ver los colores, los
olores, los gestos, los paisajes y las caras. El libro no es sólo un
trozo de celulosa y un poco de tinta sintética. Sus páginas poseen
la capacidad de guiarte a mundos que desconoces, a aventuras que
nunca podrás vivir fuera de sus páginas, a amigos, maestros y
amantes que sin duda te dejarán un poso, una cicatriz.
En segundo lugar, escribe
tus libros. Es tu derecho y tu obligación. Como el sufragio
universal. No te escuses diciéndote que no tienes nada que escribir.
Es mentira. Sí que tienes. Porque tu eres también parte de la
historia, y como cualquiera de sus personajes tienes dudas,
conclusiones y por supuesto críticas. Puede que el autor o el
protagonista sean unos imbéciles y nadie se lo haya dicho nunca.
Asique escríbelos, dibújalos, subráyalos. Haz que la obra de otro
sea también la tuya. Puedo asegurarte que dentro de unos años,
cuando recuperes esa vieja edición del fondo del armario,
encontrarás en tus propios escritos a un amigo al que hace mucho que
no ves, y te descubrirás a tí mismo sonriendo para tus adentros.
Por otro lado dejo aquí una valoración personal puesto que no puedo
evitar sentir una cierta desconfianza por aquellas personas que no
dejan rastro en sus libros. ¿Quién vive una historia y no deja
parte de sí en ella? Si me lo permites, te diré que ésa es la
descripción de un sociópata.
El tercero. No seas snob.
La inmensa mayoría de los grandes libros no figuran en las listas de
ventas y en muchos casos tampoco en las estanterías que se
encuentran a la altura de la vista en las grandes superficies. Con
ello no quiero decir que un best-seller no pueda ser magnífico. Ni
mucho menos. Los pilares de la tierra fue uno de los grandes
éxitos comerciales de su momento, y al mismo tiempo creó en mí una
adicción a la lectura que con pocos libros he conseguido después.
Sin embargo te recomendaría que no te cerraras la puerta a otras
opciones. Baja a los suburbios y sumérgete en las viejas librerías
llenas de polvo, y es ésta una referencia literal. Puede que no
siempre encuentres lo que buscas, pero eso es aún mejor que llevarte
lo que estabas buscando.
Sé que el presupuesto es
una parte importante, y que muchas veces las grandes superficies son
muy competitivas, pero he aquí el cuarto mandamiento. Intenta
descubrir librerías que valgan la pena. De ésas que están
regentadas por gente que ama lo libros, que vive de su olor y de su
contenido. Tiendas que miran más su catálogo que la amortización
que pueden hacer de él. Sé que parece difícil pero escondidas
entre las hojarasca, parafraseando al siempre magnífico Jorge
Perugorría, brillan pepitas de oro.
Y éste me lleva al
quinto. Los libreros son para toda la vida. Son como una damisela de
las de antes. Debes cortejarles, hablarles con admiración de la luna
y las estrellas. Al igual que las damiselas se harán los dignos y
los interesantes, pero no desesperes, porque al final al igual que
ellas con insistencia todos acaban en el pajar. Asique si encuentras
al adecuado, aquel que entiende tus gustos y tus ansias de aventura,
no le abandones y ocúltale tus infidelidades. Todos necesitamos un
guía en estas cosas. Alguien que nos vaya dejando pistas de qué
nuevos caminos podemos recorrer.
Sexto. Tus libros también
quieren viajar. Asique paséalos. Llévate uno en la maleta a dónde
quiera que vayas. Es un gran amigo en las horas de espera y un
excelente compañero en toda clase de situaciones adversas. Una cita
con tu libro en una cafetería en una mañana soleada yo diría que
es una de las mejores posibilidades, aunque pueda ser superada por
otras menos intelectuales.
En séptimo y último
lugar, regala libros. No puedes ser un gran lector sin difundir la
lectura. Es cierto que no todo el mundo tiene los mismos gustos.
Incluso hay quien dice que no le gusta leer. Permíteme aclarar en
este foro, y bajo una visión totalmente personal que en mi oponión
no existen personas a las que no les guste leer. Lo que sí que
existen son muchas que no han descubierto el libro adecuado. Gente a
la que se le obligó a comerse con patatas el Quijote cuando aún no
contaban ni los doce años. ¿Quién puede culparles entonces?.
¿Quién se traga a Cervantes si antes no has leído muchas otras
cosas?. No. Siempre hay un libro adecuado para cada uno. Una historia
que te conmueve, en el sentido más griego posible. Que consigue
acerte sentir parte de él. Como si el autor hubiera estado pensando
en tí concreta y particularmente mientras llenaba de palabras las
páginas en blanco.
Quizás algún día
alguien me saque de mi ilusión, pero hasta entonces... aquí nos
vemos.
Midnight in Delacroix.
Hace ya unos días tuve
la oportunidad de visitar la exposición dedicada a Delacroix en el
Caixa Forum. Podeis creerme cuando os digo que llegar a la entrada de
la sala ya supuso una guerra abierta. Lo que yo no suponía, quizás
por inocencia, es que la batalla campal estuviera teniendo lugar
también en su interior.
El riesgo que corremos
con este tipo de exposiciones de título tan goloso y al mismo tiempo
tan vacío es que atraen a las enardecidas masas, que deseosas de un
entretenimiento gratuito de los sábados por la mañana, campan a sus
anchas emitiendo todo tipo de reflexiones y pensamientos
intelectualoides que bien harían las delicias de algún que otro
moderno.
Per es cierto que me resulta
enormemente interesante llevar a cabo un ejercicio de observación y
análisis en este tipo de situaciones. No se equivoquen, no
estoy hablando de Delacroix. Somos nosotros lo
fascinante. Nuestros pequeños grupos que se desplazan por las salas.
Los despistados que no saben dónde mirar y en busca de un reducto
seguro se concentran obstinadamente en las cartelas, los que en
busca de la pincelada, rompen no sólo con el espacio de
seguridad sino con el propio espacio personal de la obra. Es un
espectáculo de lo más didáctico que sin ninguna duda os
recomiendo.
Pero volviendo a la
exposicion. El cómo el trabajo de un buen comisario puede hacer
brillar o enterrar bajo el suelo las obras más fascinantes, parece
no haber calado del todo en los que se ocupan de montar estos saraos.
Ya no se trata del conjunto de obras que presentamos al espectador.
Nadie duda de la grandiosidad de Delacroix, de como la magia de sus
trazos nos cautiva, nos embelesa con su riqueza de colores y
texturas, de violencias y ternuras. Pero más allá de todo esto debe
existir un discurso coherente. Un viaje que nos conduzca por caminos
que no habíamos visitado. Las obras están ahí, siempre lo han
estado, pero lo que podemos contar a través de ellas es la verdadera
riqueza de la exposicion. No tiene sentido una reunión de obras, si
no existe un nexo que las cohesione. Aparecen aquí miles de posibles
discursos que tienen la capacidad de ofrecer una visión al
visitante. Cada lienzo es una historia en sí misma, pero también y
al mismo tiempo la posibilidad de crear un relato. Una unidad de
composición que nos deja, como un amigo mío decía, migas de pan.
Señales que nos conducen a nuevas experiencias, nuevas
interpretaciones.
Parece que la avaricia de
los organizadores, antepone las estadísticas de visitas a hacer una
visita en condiciones. Si la cultura tiene ser pública, tendrá que
serlo con unas características de calidad y con la pretensión de
ofrecer al público algo más que la simple presentación de las
obras. Si no se cumplen estas caracterñisticas no se puede otorgar,
bajo ningún concepto, el título de Exposición.
Ver a Delacroix nunca
decepciona, porque lo mágico de su pintura siempre está presente,
siempre me cautiva. Pero si vais a ir, recordad que estar a solas con
Delacroix es una cita con todo lo romántico y sensual que ello
supone. Con los nervios previos, el coqueteo, y si me pones hasta la
última copa en el apartamento. Pero ver de lejos a Delacroix con
treinta personajes entre medias y los flashes rodando, no es más que
intentar pedirle un autógrafo a la estrella de turno y alcanzar a
verla entre las cabezas. ¿Tu con qué te quedas? A mí desde luego,
siempre me fué más lo del apartamento...
El peluche "Punset" y la vida del extraterrestre.
Hola bloggeros:
Aunque casi toda mi vida
he venido dedicando mis esfuerzos a la literarura, hoy dedicaré este
espacio a hablar acerca de libros de divulgación científica.
Coincidiendo con mi lectura de Excusas para no pensar
de Eduard Punset editado por Imago Mundi, me planteo algunas cosas.
Sin
duda este libro presenta algunas características especiales. No es
habitual encontrar ensayos de este tipo en los primeros puestos de
las listas de venta. El mundo en el que vivimos, al contrario de lo
que cabría pensar, vuelve a sustituir la ciencia por la supertición.
Pese a toda nuestra formación escolar y profesional, a Internet, a
la cultura al alcance de todos, las demostraciones científicas están
cada vez más devaluadas socialmente. Quizás sea debido al bombardeo
constante de información, y de información contradictoria, que
encontramos en los medios de comunicación. Puede que esta saturación
nos esté llevando a buscar la desinformación. ¿Pero qué será de
nosotros si renunciamos, no ya a la información, sino a los
conocimientos?.
Si
el hombre es quien es se debe en gran medida a su curiosidad y a su
búsqueda de respuestas. Y sin embargo la tendencia general es la de
ensalzar a aquellos personajes que hacen ostentación de su falta de
cultura y conocimientos, de su incapacidad de respetar a los demás
y de su ausencia de curiosidad, el mayor pecado de todos. Al mismo
tiempo, todo aquel que demuestre estos valores, es rápidamente
acallado por pedante y en definitiva “resabiao”. Quizás la culpa
sea de éstos últimos por no saber transmitir su entusiasmo y
pretender darse un aura de intelectual que todos sabemos que repele a
cualquiera.
Este
mismo aura lo encuentro yo misma en ciertas ocasiones en las páginas
de Punset, incluso en su programa televisivo. Sin embargo reconozco
lo agradable e inspirador que es tener en las manos un libro que
responde preguntas pero que sobre todo las plantea. ¿Por qué conozco tan
poco acerca de mi mismo? ¿Por qué toda esta información no está
en la tele, ni en las redes sociales, ni en los blogs? ¿Por qué en
el 70% de las ocasiones no interesa?. Parece ser que el gran axioma
creado por los griegos de “conócete a ti mismo”, si bien el
sentido que ellos pretendían darle era bien diferente, ha perdido su
vigencia. Y sin embargo para Punset este es el único camino que
tenemos para ser en verdad nosotros mismos.
Tengo
que reconocer que he disfrutado con su lectura, no por su prosa
aunque se agradece la sencillez, sino por su contenido. Por ese runrún
que se te queda en la cabeza diez minutos después de haber cerrado
el libro. Qué sensación tan maravillosa es el estar lleno de dudas
y al mismo tiempo de ganas por seguir descubriendo más y más. Es como el primer día de escuela cuando tienes la suerte de
tocar con un buen profesor. De repente de sientes parte de este
mundo y por un rato, mientras corres a casa, ni la Belén Esteban más pintada puede hacerte sentir como un
extraterrestre.
lunes, 7 de noviembre de 2011
Hola bloggeros
Hola bloggeros y ciberlectores. El número 13 abre sus puertas a todo aquel que tenga algo que decir sobre literatura, arte, moda, música y cine.
¿Hasta dónde llegaremos? Yo estoy deseando verlo...
¿Hasta dónde llegaremos? Yo estoy deseando verlo...
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