Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de febrero de 2012

13 vs. Dunstan

-->
Parece que últimamente no os dedico demasiado tiempo, ¿no es cierto bloggeros?. Pongámonos entonces un poco al día.

Hace tan sólo unas horas daba la vuelta a la última página escrita de El quinto en discordia, de Robertson Davies. No intentaré contaros maravillas, tampoco es para un Nobel, pero sí destacaré algunos aspectos interesantes.

Personalmente ya el título me sedujo. El quinto en discordia. No sé si sabéis algo de música clásica, pero este personaje es una figura fundamental en toda ópera que se precie. Al héroe y a la heroína, junto a sus respectivos lacayos, debe unirse unirse siempre un quinto personaje que pasa a todos inadvertido pero sin el cual la historia no sería posible.

Davies es sin duda un aprovechado. Se aprovecha de que todo ser humano se ve a sí mismo como este engendro, que como el Cesare de Caliggari existe pero no se sabe por qué. Son pocos los que ven en sí el papel protagonista. Algún caso se me viene a la cabeza pero casi todos, literarios o no, terminan en desastre. La mayoría de nosotros tenemos la idea de que pasamos desapercibidos a nuestros semejantes, de tal manera que resulta fácil que todos veamos en nosotros mismos al querido Dunstan.

Un personaje anónimo y en cierto modo anodino que sin embargo se convierte en la figura clave, en el gran protagonista sin el cual la historia simplemente no funciona, no puede existir. Eso sacia en cierta forma nuestro frustrado afán de ser el centro del mundo.

Y aún así juega con el pobre Dunstan y con nosotros colocando a su vera arquetipos de perfección. Criaturas hermosas y encandiladoras que por comparación le otorgan un cierto aspecto grotesco, cuya perfección y encandilamiento se termina tornando contra ellos mismos, concentrados como están en ejercer el papel que se les ha otorgado, sin darse cuenta de que los hilos se manejan desde otro lado.

-->
¡Y qué dulce es el mecer de las páginas!. Al fin y al cabo ser aprovechado es una gran cualidad para un escritor. El mundo literario es muy duro como para no explotar cada recurso posible. Lo importante es el resultado conseguido. Ser dinámico, hacer parecer fácil lo difícil. Ahí está el secreto de su talento.

Si tuviera que hacer algo de crítica, diría que de lo único que carece es de aquello que poseen las grandes obras, que no puede imitarse ni aprenderse. La marca imborrable que pervive de forma invisible en nosotros como la de quien vive algo en carne propia. La pervivencia de la historia diez minutos después de que hayas dado la vuelta a la última página escrita.

domingo, 5 de febrero de 2012

Los mandamientos del Buen Lector.


Quizás he topado entre mis lectores con gentes muy versadas en literatura, en cuyo caso espero que no sean muy duros en su crítica. Pero si aún eres profano en estos temas y quieres dar un giro tal a tu vida como para convertirte en Lector, y lo escribo con mayúsculas con toda la intención, no te lo tomes a broma. Lo que convierte la cotidianidad en un placer es el ritual. Sin él las cosas se vuelven aburridas, homogéneas. Yo aquí te propongo las siete leyes del buen lector. Los siete caminos que todo bibliófilo debería llevar en los zapatos.

En primer lugar, quiere a tus libros. Un auténtico lector acaba por desarrollar un cierto sentimiento de paternidad (yo casi diría de maternidad) hacia el libro poseído. Como si en cierta manera el poseerlo fuera parte de su creación. Como si al leerlo también nosotros fuésemos el autor. Eso tiene mucho sentido puesto que cuando leemos creamos en nuestra imaginación, dejamos de ver las letras para ver los colores, los olores, los gestos, los paisajes y las caras. El libro no es sólo un trozo de celulosa y un poco de tinta sintética. Sus páginas poseen la capacidad de guiarte a mundos que desconoces, a aventuras que nunca podrás vivir fuera de sus páginas, a amigos, maestros y amantes que sin duda te dejarán un poso, una cicatriz.

En segundo lugar, escribe tus libros. Es tu derecho y tu obligación. Como el sufragio universal. No te escuses diciéndote que no tienes nada que escribir. Es mentira. Sí que tienes. Porque tu eres también parte de la historia, y como cualquiera de sus personajes tienes dudas, conclusiones y por supuesto críticas. Puede que el autor o el protagonista sean unos imbéciles y nadie se lo haya dicho nunca. Asique escríbelos, dibújalos, subráyalos. Haz que la obra de otro sea también la tuya. Puedo asegurarte que dentro de unos años, cuando recuperes esa vieja edición del fondo del armario, encontrarás en tus propios escritos a un amigo al que hace mucho que no ves, y te descubrirás a tí mismo sonriendo para tus adentros. Por otro lado dejo aquí una valoración personal puesto que no puedo evitar sentir una cierta desconfianza por aquellas personas que no dejan rastro en sus libros. ¿Quién vive una historia y no deja parte de sí en ella? Si me lo permites, te diré que ésa es la descripción de un sociópata.

El tercero. No seas snob. La inmensa mayoría de los grandes libros no figuran en las listas de ventas y en muchos casos tampoco en las estanterías que se encuentran a la altura de la vista en las grandes superficies. Con ello no quiero decir que un best-seller no pueda ser magnífico. Ni mucho menos. Los pilares de la tierra fue uno de los grandes éxitos comerciales de su momento, y al mismo tiempo creó en mí una adicción a la lectura que con pocos libros he conseguido después. Sin embargo te recomendaría que no te cerraras la puerta a otras opciones. Baja a los suburbios y sumérgete en las viejas librerías llenas de polvo, y es ésta una referencia literal. Puede que no siempre encuentres lo que buscas, pero eso es aún mejor que llevarte lo que estabas buscando.

Sé que el presupuesto es una parte importante, y que muchas veces las grandes superficies son muy competitivas, pero he aquí el cuarto mandamiento. Intenta descubrir librerías que valgan la pena. De ésas que están regentadas por gente que ama lo libros, que vive de su olor y de su contenido. Tiendas que miran más su catálogo que la amortización que pueden hacer de él. Sé que parece difícil pero escondidas entre las hojarasca, parafraseando al siempre magnífico Jorge Perugorría, brillan pepitas de oro.

Y éste me lleva al quinto. Los libreros son para toda la vida. Son como una damisela de las de antes. Debes cortejarles, hablarles con admiración de la luna y las estrellas. Al igual que las damiselas se harán los dignos y los interesantes, pero no desesperes, porque al final al igual que ellas con insistencia todos acaban en el pajar. Asique si encuentras al adecuado, aquel que entiende tus gustos y tus ansias de aventura, no le abandones y ocúltale tus infidelidades. Todos necesitamos un guía en estas cosas. Alguien que nos vaya dejando pistas de qué nuevos caminos podemos recorrer.

Sexto. Tus libros también quieren viajar. Asique paséalos. Llévate uno en la maleta a dónde quiera que vayas. Es un gran amigo en las horas de espera y un excelente compañero en toda clase de situaciones adversas. Una cita con tu libro en una cafetería en una mañana soleada yo diría que es una de las mejores posibilidades, aunque pueda ser superada por otras menos intelectuales.

En séptimo y último lugar, regala libros. No puedes ser un gran lector sin difundir la lectura. Es cierto que no todo el mundo tiene los mismos gustos. Incluso hay quien dice que no le gusta leer. Permíteme aclarar en este foro, y bajo una visión totalmente personal que en mi oponión no existen personas a las que no les guste leer. Lo que sí que existen son muchas que no han descubierto el libro adecuado. Gente a la que se le obligó a comerse con patatas el Quijote cuando aún no contaban ni los doce años. ¿Quién puede culparles entonces?. ¿Quién se traga a Cervantes si antes no has leído muchas otras cosas?. No. Siempre hay un libro adecuado para cada uno. Una historia que te conmueve, en el sentido más griego posible. Que consigue acerte sentir parte de él. Como si el autor hubiera estado pensando en tí concreta y particularmente mientras llenaba de palabras las páginas en blanco.

Quizás algún día alguien me saque de mi ilusión, pero hasta entonces... aquí nos vemos.

El peluche "Punset" y la vida del extraterrestre.


Hola bloggeros:

Aunque casi toda mi vida he venido dedicando mis esfuerzos a la literarura, hoy dedicaré este espacio a hablar acerca de libros de divulgación científica. Coincidiendo con mi lectura de Excusas para no pensar de Eduard Punset editado por Imago Mundi, me planteo algunas cosas.
Sin duda este libro presenta algunas características especiales. No es habitual encontrar ensayos de este tipo en los primeros puestos de las listas de venta. El mundo en el que vivimos, al contrario de lo que cabría pensar, vuelve a sustituir la ciencia por la supertición. Pese a toda nuestra formación escolar y profesional, a Internet, a la cultura al alcance de todos, las demostraciones científicas están cada vez más devaluadas socialmente. Quizás sea debido al bombardeo constante de información, y de información contradictoria, que encontramos en los medios de comunicación. Puede que esta saturación nos esté llevando a buscar la desinformación. ¿Pero qué será de nosotros si renunciamos, no ya a la información, sino a los conocimientos?.
Si el hombre es quien es se debe en gran medida a su curiosidad y a su búsqueda de respuestas. Y sin embargo la tendencia general es la de ensalzar a aquellos personajes que hacen ostentación de su falta de cultura y conocimientos, de su incapacidad de respetar a los demás y de su ausencia de curiosidad, el mayor pecado de todos. Al mismo tiempo, todo aquel que demuestre estos valores, es rápidamente acallado por pedante y en definitiva “resabiao”. Quizás la culpa sea de éstos últimos por no saber transmitir su entusiasmo y pretender darse un aura de intelectual que todos sabemos que repele a cualquiera.
Este mismo aura lo encuentro yo misma en ciertas ocasiones en las páginas de Punset, incluso en su programa televisivo. Sin embargo reconozco lo agradable e inspirador que es tener en las manos un libro que responde preguntas pero que sobre todo las plantea. ¿Por qué conozco tan poco acerca de mi mismo? ¿Por qué toda esta información no está en la tele, ni en las redes sociales, ni en los blogs? ¿Por qué en el 70% de las ocasiones no interesa?. Parece ser que el gran axioma creado por los griegos de “conócete a ti mismo”, si bien el sentido que ellos pretendían darle era bien diferente, ha perdido su vigencia. Y sin embargo para Punset este es el único camino que tenemos para ser en verdad nosotros mismos.
Tengo que reconocer que he disfrutado con su lectura, no por su prosa aunque se agradece la sencillez, sino por su contenido. Por ese runrún que se te queda en la cabeza diez minutos después de haber cerrado el libro. Qué sensación tan maravillosa es el estar lleno de dudas y al mismo tiempo de ganas por seguir descubriendo más y más. Es como el primer día de escuela cuando tienes la suerte de tocar con un buen profesor. De repente de sientes parte de este mundo y por un rato, mientras corres a casa,  ni la Belén Esteban más pintada puede hacerte sentir como un extraterrestre.