domingo, 5 de febrero de 2012

Los mandamientos del Buen Lector.


Quizás he topado entre mis lectores con gentes muy versadas en literatura, en cuyo caso espero que no sean muy duros en su crítica. Pero si aún eres profano en estos temas y quieres dar un giro tal a tu vida como para convertirte en Lector, y lo escribo con mayúsculas con toda la intención, no te lo tomes a broma. Lo que convierte la cotidianidad en un placer es el ritual. Sin él las cosas se vuelven aburridas, homogéneas. Yo aquí te propongo las siete leyes del buen lector. Los siete caminos que todo bibliófilo debería llevar en los zapatos.

En primer lugar, quiere a tus libros. Un auténtico lector acaba por desarrollar un cierto sentimiento de paternidad (yo casi diría de maternidad) hacia el libro poseído. Como si en cierta manera el poseerlo fuera parte de su creación. Como si al leerlo también nosotros fuésemos el autor. Eso tiene mucho sentido puesto que cuando leemos creamos en nuestra imaginación, dejamos de ver las letras para ver los colores, los olores, los gestos, los paisajes y las caras. El libro no es sólo un trozo de celulosa y un poco de tinta sintética. Sus páginas poseen la capacidad de guiarte a mundos que desconoces, a aventuras que nunca podrás vivir fuera de sus páginas, a amigos, maestros y amantes que sin duda te dejarán un poso, una cicatriz.

En segundo lugar, escribe tus libros. Es tu derecho y tu obligación. Como el sufragio universal. No te escuses diciéndote que no tienes nada que escribir. Es mentira. Sí que tienes. Porque tu eres también parte de la historia, y como cualquiera de sus personajes tienes dudas, conclusiones y por supuesto críticas. Puede que el autor o el protagonista sean unos imbéciles y nadie se lo haya dicho nunca. Asique escríbelos, dibújalos, subráyalos. Haz que la obra de otro sea también la tuya. Puedo asegurarte que dentro de unos años, cuando recuperes esa vieja edición del fondo del armario, encontrarás en tus propios escritos a un amigo al que hace mucho que no ves, y te descubrirás a tí mismo sonriendo para tus adentros. Por otro lado dejo aquí una valoración personal puesto que no puedo evitar sentir una cierta desconfianza por aquellas personas que no dejan rastro en sus libros. ¿Quién vive una historia y no deja parte de sí en ella? Si me lo permites, te diré que ésa es la descripción de un sociópata.

El tercero. No seas snob. La inmensa mayoría de los grandes libros no figuran en las listas de ventas y en muchos casos tampoco en las estanterías que se encuentran a la altura de la vista en las grandes superficies. Con ello no quiero decir que un best-seller no pueda ser magnífico. Ni mucho menos. Los pilares de la tierra fue uno de los grandes éxitos comerciales de su momento, y al mismo tiempo creó en mí una adicción a la lectura que con pocos libros he conseguido después. Sin embargo te recomendaría que no te cerraras la puerta a otras opciones. Baja a los suburbios y sumérgete en las viejas librerías llenas de polvo, y es ésta una referencia literal. Puede que no siempre encuentres lo que buscas, pero eso es aún mejor que llevarte lo que estabas buscando.

Sé que el presupuesto es una parte importante, y que muchas veces las grandes superficies son muy competitivas, pero he aquí el cuarto mandamiento. Intenta descubrir librerías que valgan la pena. De ésas que están regentadas por gente que ama lo libros, que vive de su olor y de su contenido. Tiendas que miran más su catálogo que la amortización que pueden hacer de él. Sé que parece difícil pero escondidas entre las hojarasca, parafraseando al siempre magnífico Jorge Perugorría, brillan pepitas de oro.

Y éste me lleva al quinto. Los libreros son para toda la vida. Son como una damisela de las de antes. Debes cortejarles, hablarles con admiración de la luna y las estrellas. Al igual que las damiselas se harán los dignos y los interesantes, pero no desesperes, porque al final al igual que ellas con insistencia todos acaban en el pajar. Asique si encuentras al adecuado, aquel que entiende tus gustos y tus ansias de aventura, no le abandones y ocúltale tus infidelidades. Todos necesitamos un guía en estas cosas. Alguien que nos vaya dejando pistas de qué nuevos caminos podemos recorrer.

Sexto. Tus libros también quieren viajar. Asique paséalos. Llévate uno en la maleta a dónde quiera que vayas. Es un gran amigo en las horas de espera y un excelente compañero en toda clase de situaciones adversas. Una cita con tu libro en una cafetería en una mañana soleada yo diría que es una de las mejores posibilidades, aunque pueda ser superada por otras menos intelectuales.

En séptimo y último lugar, regala libros. No puedes ser un gran lector sin difundir la lectura. Es cierto que no todo el mundo tiene los mismos gustos. Incluso hay quien dice que no le gusta leer. Permíteme aclarar en este foro, y bajo una visión totalmente personal que en mi oponión no existen personas a las que no les guste leer. Lo que sí que existen son muchas que no han descubierto el libro adecuado. Gente a la que se le obligó a comerse con patatas el Quijote cuando aún no contaban ni los doce años. ¿Quién puede culparles entonces?. ¿Quién se traga a Cervantes si antes no has leído muchas otras cosas?. No. Siempre hay un libro adecuado para cada uno. Una historia que te conmueve, en el sentido más griego posible. Que consigue acerte sentir parte de él. Como si el autor hubiera estado pensando en tí concreta y particularmente mientras llenaba de palabras las páginas en blanco.

Quizás algún día alguien me saque de mi ilusión, pero hasta entonces... aquí nos vemos.

1 comentario:

  1. Cada maestrillo con su librillo, como dice el refrán. Yo soy muy partidario de dar vida a los libros anotándolos, subrayándolos, etc... No recuerdo si llegaste a ver esta entrada de mi blog: http://pabloaparicioresco.blogspot.com/2011/09/elogio-la-biblioclastia.html
    Pero me gusta, me gusta... yo puedo decir que sigo todos los mandamientos. Quizás en el segundo peco un poco, más por modestia que por falta de ganas. Pero prometo enmendarme con más o menos premura. ;)

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