Parece que últimamente no os dedico
demasiado tiempo, ¿no es cierto bloggeros?. Pongámonos entonces un
poco al día.
Hace tan sólo unas horas daba la
vuelta a la última página escrita de El quinto en discordia,
de Robertson Davies. No intentaré contaros maravillas, tampoco es
para un Nobel, pero sí destacaré algunos aspectos interesantes.
Personalmente ya el título me sedujo.
El quinto en discordia. No sé si sabéis algo de música clásica,
pero este personaje es una figura fundamental en toda ópera que se
precie. Al héroe y a la heroína, junto a sus respectivos lacayos,
debe unirse unirse siempre un quinto personaje que pasa a todos
inadvertido pero sin el cual la historia no sería posible.
Davies es sin duda un aprovechado. Se
aprovecha de que todo ser humano se ve a sí mismo como este
engendro, que como el Cesare de Caliggari existe pero no se sabe por
qué. Son pocos los que ven en sí el papel protagonista. Algún caso
se me viene a la cabeza pero casi todos, literarios o no, terminan en
desastre. La mayoría de nosotros tenemos la idea de que pasamos
desapercibidos a nuestros semejantes, de tal manera que resulta fácil que todos veamos en nosotros mismos al
querido Dunstan.
Un personaje anónimo y en cierto modo
anodino que sin embargo se convierte en la figura clave, en el gran
protagonista sin el cual la historia simplemente no funciona, no
puede existir. Eso sacia en cierta forma nuestro frustrado afán de ser el centro del mundo.
Y aún así juega con el pobre Dunstan
y con nosotros colocando a su vera arquetipos de perfección.
Criaturas hermosas y encandiladoras que por comparación le otorgan
un cierto aspecto grotesco, cuya perfección y encandilamiento se
termina tornando contra ellos mismos, concentrados como están en
ejercer el papel que se les ha otorgado, sin darse cuenta de que los
hilos se manejan desde otro lado.
¡Y qué dulce es el mecer de las
páginas!. Al fin y al cabo ser aprovechado es una gran cualidad para
un escritor. El mundo literario es muy duro como para no explotar
cada recurso posible. Lo importante es el resultado conseguido. Ser dinámico, hacer parecer fácil lo difícil. Ahí
está el secreto de su talento.
Si tuviera que hacer algo de crítica,
diría que de lo único que carece es de aquello que poseen las
grandes obras, que no puede
imitarse ni aprenderse. La marca imborrable que pervive de forma
invisible en nosotros como la de quien vive algo en carne propia. La
pervivencia de la historia diez minutos después de que hayas dado la
vuelta a la última página escrita.
Tú y los libros
ResponderEliminarpero sobretodo TÚ.
Grande