lunes, 5 de noviembre de 2012

Sandwiches de "milcosas" y atún

Hola bloggeros,

Ayer hice unos sandwiches para llevar a una reunión con unas amigas y quedaron tan buenos que he creído que merecía la pena dejar por escrito la receta.
El relleno puede utilizarse para empanadillas, asique es bastante versátil. En realidad esta receta trata de aprovechar las verduras que están comenzando a estropearse, así que no os preocupeis por hacer otras combinaciones. Seguro que quedará igual de bueno. También podeis sustituir el bonito por otros pescados en conservados.



Ingredientes:

Media cebolla
Medio calabacín
Medio puerro
1 ajo
2 pepinillos agridulces
1 huevo
2 latas de bonito en aceite de oliva
Salsa de tomate casera

Sal
Pimienta negra
Perejil fresco


Lo primero que haremos será lavar la cebolla, el puerro y el calabacín y cortarlos en trozos pequeños. Ponemos una sartén con un poco de aceite de oliva virgen y sofreimos un ajo, cortado pequeño previamente.
Una vez el ajo esté dorado (tened cuidado de que no llegue a quemarse porque entonces toda la mezcla cogerá un sabor amargo) agregamos la verdura ya picada y reogamos. No es necesario que queden totalmente pochadas. A mí personalmente no me agradan las verduras demasiado cocidas, pero aquí cada uno lo hace a su manera.
Puedes poner mientras tanto a cocer el huevo. Con 10 minutos de cocción será suficiente.



Añadimos a la mezcla algo de pimienta negra, sal y perejil fresco (nada que ver con el de bote) y después de darle unas vueltas apartamos del fuego y reservamos hasta que tome temperatura ambiente.

 

Una vez nuestras verduras se han enfriado las volcamos en un bol y le añadimos el huevo ya cocido y picado. Deshacemos el bonito con un tenedor dentro de la lata. Os recomiendo que previamente desecheis el aceite en el que viene conservado, porque sino la mezcla será demasiado grasa y se os esparcirá fuera de los sandwiches. Por otro lado, cuanto mejor sea el bonito mejor será el resultado asique no escatiméis mucho en esta parte. Incorporamos las migas de bonito a la mezcla.

Por último incorporamos unas 4 cucharas soperas de salsa de tomate casera. En mi casa se hace y embota una vez al año. Así siempre lo tenemos disponible y creedme, la diferencia con el de compra no podría ser mayor. Si no teneis salsa casera sólo teneis que incorporar a la verdura que hemos hecho antes tomate fresco sin la piel ni pepitas, o algo de tomate natural embasado y en trozos que también da muy buen resultado. El truco es conseguir un equilibrio entre todos los ingredientes. Mezcla bien hasta conseguir una masa uniforme.



Yo he añadido en último lugar un par de pepinillos en salsa agridulce (los podeis encontrar en el Mercadona, y seguro que también en otras grandes superficies) picados en pequeños trozos. Creo que le dan un toque de acidez y frescor que es lo que de verdad le da gracia a la masa.

Ya sólo queda rellenar el pan de molde sin corteza con la masa y cortar en triángulos. Puede parecer una tontería pero a mí de esta manera me parecen mucho más apetecibles.



Y ya está. Ahora a disfrutar. Bon appétit !

P.D.: Gracias David por los cuchillos. ¡Ahora cocinar es aún más divertido!

lunes, 22 de octubre de 2012

Quiche de Jamón, Puerros y Cebolla.

Hola bloggeros.

Hoy os presento una receta muy interesante y sencilla tanto para comer en casa como para llevaros de excursión o a la típica "cena erasmus" donde cada uno lleva su especialidad. La elaboración es muy fácil y el resultado es excelente y fácil de transportar. Yo he hecho esta versión en particular, pero una de sus ventajas es que siguiendo los pasos de la receta base luego podeis hacerlo de cualquier cosa que os apetezca. De espinacas con jamón serrano y queso, de varios quesos (intentad usar dos suaves y uno de sabor más fuerte para que predomine un sabor), de salmón, de verduras... Sólo hay que poner a funcionar la imaginación.

Ingredientes:

1 masa de pasta quebrada o pasta brisa
1 cebolla mediana
2 puerros medianos
7 lochas de jamón serrano
3 huevos frescos
400 ml de nata para cocinar
Sal, pimienta y nuez moscada.



Todos ellos los encontraréis con mucha facilidad en supermercados o grandes superficies. La masa quebrada se compra refrigerada o congelada. Yo creo que no merece la pena hacer en casa este tipo de masas, porque son bastante complicadas y las que se venden suelen ser de buena calidad. Asi que si no eres muy cocinitas méjor ahórrate este trabajo innecesario. Por otro lado yo en mi receta he usado nata para cocinar, pero también podéis hacerlo con leche deshidratada que da un buen resultado.

Lo primero es poner a punto es la masa. Si la hemos comprado congelada es necesario sacarla a un lugar plano y a temperatura ambiente hasta que se descongele y sea maleable para que podamos trabajar bien con ella. Nunca más de 30 minutos porque estaría demasiado blanda.




 Colocamos la pasta en una fuente y la adaptamos a sus formas. Si no os encaja bien podeis cortar de un sitio y añadir en otro hasta que lo haga. Luego pinchamos con un tenedor la superficie para evitar que se hinche al cocinarlo, colocamos un papel albal o papel de cocinar (lo que tengais por casa) sobre la masa y cubrimos con garbanzos. Esto se hace para que al cocinarse con el calor del horno la pasta no suba y quede plana. Horneamos en el horno precalentado a 180º durante unos 15 minutos.



Mientras la pasta se hornea, podemos dedicarnos al contenido. Cortamos la cebolla y los puerros en cachos relativamente pequeños (en juliana tambien funciona muy bien), ponemos una sartén con un poco de aceite al fuego y reogamos hasta que la verdura esté blanda y bien pochada. Cortamos el jamón en cachos de un tamaño similar a la verdura y lo salteamos en otra sartén a fuego fuerte. Una vez que todo esté listo lo mezclamos en una misma sartén y añadimos algo de pimienta negra.

En un bol ponemos los tres huevos y batimos. Luego añadimos la nata y mezclamos con movimientos suaves. Es importante no añadir la nata antes de batir los huevos porque podría entrar aire en la mezcla y crecer demasiado dentro del horno. Yo suelo echarle nuez moscada porque le da un toque muy especial, pero vosotros podeis experimentar con las especias que mejor os parezcan. Cuando esté uniforme añadimos las verduras y el jamón y rectificamos la sal.

A estas alturas ya habremos sacado nuestra masa quebrada del horno. Retiramos los garbanzos (pueden utilizarse para futuras ocasiones) y el papel de cocina o albal y añadimos nuestra mezcla. Procura que no rebose demasiado porque luego será más difícil desmoldar el quiche.



Sólo nos queda devolver el pastel al horno que ya teníamos a 180º y dejarlo ahí unos 25 o 30 minutos. Esto del tiempo no es una ciencia exacta porque depende del grosor del quiche. La mejor manera de hacerlo bien es esperar a que toda la superficie del pastel tenga un color dorado y uniforme. Es importante que la masa quede bien cocida.



Y ya está todo listo. ¡Ahora a disfrutar!

Bon appétit !

jueves, 23 de febrero de 2012

13 vs. Dunstan

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Parece que últimamente no os dedico demasiado tiempo, ¿no es cierto bloggeros?. Pongámonos entonces un poco al día.

Hace tan sólo unas horas daba la vuelta a la última página escrita de El quinto en discordia, de Robertson Davies. No intentaré contaros maravillas, tampoco es para un Nobel, pero sí destacaré algunos aspectos interesantes.

Personalmente ya el título me sedujo. El quinto en discordia. No sé si sabéis algo de música clásica, pero este personaje es una figura fundamental en toda ópera que se precie. Al héroe y a la heroína, junto a sus respectivos lacayos, debe unirse unirse siempre un quinto personaje que pasa a todos inadvertido pero sin el cual la historia no sería posible.

Davies es sin duda un aprovechado. Se aprovecha de que todo ser humano se ve a sí mismo como este engendro, que como el Cesare de Caliggari existe pero no se sabe por qué. Son pocos los que ven en sí el papel protagonista. Algún caso se me viene a la cabeza pero casi todos, literarios o no, terminan en desastre. La mayoría de nosotros tenemos la idea de que pasamos desapercibidos a nuestros semejantes, de tal manera que resulta fácil que todos veamos en nosotros mismos al querido Dunstan.

Un personaje anónimo y en cierto modo anodino que sin embargo se convierte en la figura clave, en el gran protagonista sin el cual la historia simplemente no funciona, no puede existir. Eso sacia en cierta forma nuestro frustrado afán de ser el centro del mundo.

Y aún así juega con el pobre Dunstan y con nosotros colocando a su vera arquetipos de perfección. Criaturas hermosas y encandiladoras que por comparación le otorgan un cierto aspecto grotesco, cuya perfección y encandilamiento se termina tornando contra ellos mismos, concentrados como están en ejercer el papel que se les ha otorgado, sin darse cuenta de que los hilos se manejan desde otro lado.

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¡Y qué dulce es el mecer de las páginas!. Al fin y al cabo ser aprovechado es una gran cualidad para un escritor. El mundo literario es muy duro como para no explotar cada recurso posible. Lo importante es el resultado conseguido. Ser dinámico, hacer parecer fácil lo difícil. Ahí está el secreto de su talento.

Si tuviera que hacer algo de crítica, diría que de lo único que carece es de aquello que poseen las grandes obras, que no puede imitarse ni aprenderse. La marca imborrable que pervive de forma invisible en nosotros como la de quien vive algo en carne propia. La pervivencia de la historia diez minutos después de que hayas dado la vuelta a la última página escrita.

martes, 7 de febrero de 2012

De cómo un helado se convierte en poesía.


Hola bloggeros:

Hoy cambio un poco de tercio y me paso al mundo del cine. Y si voy a comenzar nuevo apartado debo de hacerlo como deben de empezarse todas las cosas. A lo grande.
Os presento pues el film Fresa y chocolate. Una participación cubano-española, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, de la que puedo decir sin duda que es mi película preferida.
Hace ya muchos años (y no soy tan mayor) que la ví por primera vez por recomendación de mi gurú particular y aún hoy, tras haberla visionado más de 100 veces, sigo diciendo lo mismo. Que hay muchas formas de poesía, y que ésta (junto con Lorca) está entre mis favoritas.
Podría hablaros de su fotografía, de la genialidad de las tomas de la antigua Habana que parece disiparse ante nuestros ojos devorada por la pobreza y la ruina. Hay ocasiones en las que durante la hora y media larga de película me parece estar allí mismo, al otro lado del charco, iluminada por ese sol intenso y cálido y rodeada por olores en los que se mezclan la frescura de la mañana y el tabaco.
Pero voy a ir un poco más allá La riqueza de esta película radica, bajo mi visión personal, en lo mágico de cómo la historia es contada. De cómo los personajes adquieren un realismo que te parece inusitado. No se trata del típico drama social “a la española”, si bien guardo a este género un profundo respeto. Aquí el drama no es drama, porque es vida. Y como en la vida, no podemos ser felices siempre. La felicidad es una emoción demasiado intensa para que perdure. Sólo puede existir como en un fogonazo, que después de un gran destello se apaga y nos deja de nuevo como estábamos, aunque sepamos que existía hace sólo un momento. ¿Nunca has mirado fijamente a una luz y al cerrar los ojos seguías viendo un gran punto blanco?. 



Asique en realidad nuestros días pasan entre un conjunto de sentimientos y emociones que van mucho más allá. La mayoría del tiempo no estamos felices ni desolados. Quizás sí desorientados, pero ese es otro tema.
La vida posee cosas de la comedia y el drama, pero sobretodo es inesperada. Inesperada en las personas que nos atraen, en nuestras familias, en nuestro trabajo y en nosotros mismos. Asique aquí el final feliz en realidad no importa. La gran diferencia entre el cine y la vida es que por mucho que lo desees, la realidad no te permite jugar con el tiempo. Un fin nunca es un fin (salvo la muerte), porque lo quieras o no el día de mañana llegará igualmente. Y quizás sea eso lo que me conquista. Que en realidad sabes que su vida continua, e intuyes en qué modo lo hace, aunque tanto ellos como tú prefirais ignorarlo.
Pero si algo se vuelve verdaderamente poesía en esa hora y media es el propio Diego. Diego que es mágico todo él. Y no lo puedes evitar, te enamoras. De la forma genial de reírse de sí mismo, de su curiosidad por el mundo, de su amor generoso, de su valentía... pero también de su humanidad, de su miedo a sus defectos. Él es todo aquello que los demás quisiéramos ser y nunca seremos. O por lo menos él es todo aquello que yo quisiera ser y nunca seré. 


Desde luego la actuación de Jorge Perugorría no hace más que darle brillo al personaje. Sinceramente no sé a qué se dedicó después de esta película, aunque aquí con vosotros me comprometo a hacer algunas pesquisas, pero su actuación no puede calificarse de menos que de genial.
Lo que daría yo por fumarme un habano en la silla “especial” y compartir con él la bebida del enemigo. ¡Qué de conversaciones imaginadas con Rocco ronroneando a mis espaldas!.

Ahora ya lo sabeis asique... Bon appétit !
 

domingo, 5 de febrero de 2012

Los mandamientos del Buen Lector.


Quizás he topado entre mis lectores con gentes muy versadas en literatura, en cuyo caso espero que no sean muy duros en su crítica. Pero si aún eres profano en estos temas y quieres dar un giro tal a tu vida como para convertirte en Lector, y lo escribo con mayúsculas con toda la intención, no te lo tomes a broma. Lo que convierte la cotidianidad en un placer es el ritual. Sin él las cosas se vuelven aburridas, homogéneas. Yo aquí te propongo las siete leyes del buen lector. Los siete caminos que todo bibliófilo debería llevar en los zapatos.

En primer lugar, quiere a tus libros. Un auténtico lector acaba por desarrollar un cierto sentimiento de paternidad (yo casi diría de maternidad) hacia el libro poseído. Como si en cierta manera el poseerlo fuera parte de su creación. Como si al leerlo también nosotros fuésemos el autor. Eso tiene mucho sentido puesto que cuando leemos creamos en nuestra imaginación, dejamos de ver las letras para ver los colores, los olores, los gestos, los paisajes y las caras. El libro no es sólo un trozo de celulosa y un poco de tinta sintética. Sus páginas poseen la capacidad de guiarte a mundos que desconoces, a aventuras que nunca podrás vivir fuera de sus páginas, a amigos, maestros y amantes que sin duda te dejarán un poso, una cicatriz.

En segundo lugar, escribe tus libros. Es tu derecho y tu obligación. Como el sufragio universal. No te escuses diciéndote que no tienes nada que escribir. Es mentira. Sí que tienes. Porque tu eres también parte de la historia, y como cualquiera de sus personajes tienes dudas, conclusiones y por supuesto críticas. Puede que el autor o el protagonista sean unos imbéciles y nadie se lo haya dicho nunca. Asique escríbelos, dibújalos, subráyalos. Haz que la obra de otro sea también la tuya. Puedo asegurarte que dentro de unos años, cuando recuperes esa vieja edición del fondo del armario, encontrarás en tus propios escritos a un amigo al que hace mucho que no ves, y te descubrirás a tí mismo sonriendo para tus adentros. Por otro lado dejo aquí una valoración personal puesto que no puedo evitar sentir una cierta desconfianza por aquellas personas que no dejan rastro en sus libros. ¿Quién vive una historia y no deja parte de sí en ella? Si me lo permites, te diré que ésa es la descripción de un sociópata.

El tercero. No seas snob. La inmensa mayoría de los grandes libros no figuran en las listas de ventas y en muchos casos tampoco en las estanterías que se encuentran a la altura de la vista en las grandes superficies. Con ello no quiero decir que un best-seller no pueda ser magnífico. Ni mucho menos. Los pilares de la tierra fue uno de los grandes éxitos comerciales de su momento, y al mismo tiempo creó en mí una adicción a la lectura que con pocos libros he conseguido después. Sin embargo te recomendaría que no te cerraras la puerta a otras opciones. Baja a los suburbios y sumérgete en las viejas librerías llenas de polvo, y es ésta una referencia literal. Puede que no siempre encuentres lo que buscas, pero eso es aún mejor que llevarte lo que estabas buscando.

Sé que el presupuesto es una parte importante, y que muchas veces las grandes superficies son muy competitivas, pero he aquí el cuarto mandamiento. Intenta descubrir librerías que valgan la pena. De ésas que están regentadas por gente que ama lo libros, que vive de su olor y de su contenido. Tiendas que miran más su catálogo que la amortización que pueden hacer de él. Sé que parece difícil pero escondidas entre las hojarasca, parafraseando al siempre magnífico Jorge Perugorría, brillan pepitas de oro.

Y éste me lleva al quinto. Los libreros son para toda la vida. Son como una damisela de las de antes. Debes cortejarles, hablarles con admiración de la luna y las estrellas. Al igual que las damiselas se harán los dignos y los interesantes, pero no desesperes, porque al final al igual que ellas con insistencia todos acaban en el pajar. Asique si encuentras al adecuado, aquel que entiende tus gustos y tus ansias de aventura, no le abandones y ocúltale tus infidelidades. Todos necesitamos un guía en estas cosas. Alguien que nos vaya dejando pistas de qué nuevos caminos podemos recorrer.

Sexto. Tus libros también quieren viajar. Asique paséalos. Llévate uno en la maleta a dónde quiera que vayas. Es un gran amigo en las horas de espera y un excelente compañero en toda clase de situaciones adversas. Una cita con tu libro en una cafetería en una mañana soleada yo diría que es una de las mejores posibilidades, aunque pueda ser superada por otras menos intelectuales.

En séptimo y último lugar, regala libros. No puedes ser un gran lector sin difundir la lectura. Es cierto que no todo el mundo tiene los mismos gustos. Incluso hay quien dice que no le gusta leer. Permíteme aclarar en este foro, y bajo una visión totalmente personal que en mi oponión no existen personas a las que no les guste leer. Lo que sí que existen son muchas que no han descubierto el libro adecuado. Gente a la que se le obligó a comerse con patatas el Quijote cuando aún no contaban ni los doce años. ¿Quién puede culparles entonces?. ¿Quién se traga a Cervantes si antes no has leído muchas otras cosas?. No. Siempre hay un libro adecuado para cada uno. Una historia que te conmueve, en el sentido más griego posible. Que consigue acerte sentir parte de él. Como si el autor hubiera estado pensando en tí concreta y particularmente mientras llenaba de palabras las páginas en blanco.

Quizás algún día alguien me saque de mi ilusión, pero hasta entonces... aquí nos vemos.

Midnight in Delacroix.


Hace ya unos días tuve la oportunidad de visitar la exposición dedicada a Delacroix en el Caixa Forum. Podeis creerme cuando os digo que llegar a la entrada de la sala ya supuso una guerra abierta. Lo que yo no suponía, quizás por inocencia, es que la batalla campal estuviera teniendo lugar también en su interior.

El riesgo que corremos con este tipo de exposiciones de título tan goloso y al mismo tiempo tan vacío es que atraen a las enardecidas masas, que deseosas de un entretenimiento gratuito de los sábados por la mañana, campan a sus anchas emitiendo todo tipo de reflexiones y pensamientos intelectualoides que bien harían las delicias de algún que otro moderno.
Per es cierto que me resulta enormemente interesante llevar a cabo un ejercicio de observación y análisis en este tipo de situaciones. No se equivoquen, no estoy hablando de Delacroix. Somos nosotros lo fascinante. Nuestros pequeños grupos que se desplazan por las salas. Los despistados que no saben dónde mirar y en busca de un reducto seguro se concentran obstinadamente en las cartelas, los que en busca de la pincelada, rompen no sólo con el espacio de seguridad sino con el propio espacio personal de la obra. Es un espectáculo de lo más didáctico que sin ninguna duda os recomiendo.

Pero volviendo a la exposicion. El cómo el trabajo de un buen comisario puede hacer brillar o enterrar bajo el suelo las obras más fascinantes, parece no haber calado del todo en los que se ocupan de montar estos saraos. Ya no se trata del conjunto de obras que presentamos al espectador. Nadie duda de la grandiosidad de Delacroix, de como la magia de sus trazos nos cautiva, nos embelesa con su riqueza de colores y texturas, de violencias y ternuras. Pero más allá de todo esto debe existir un discurso coherente. Un viaje que nos conduzca por caminos que no habíamos visitado. Las obras están ahí, siempre lo han estado, pero lo que podemos contar a través de ellas es la verdadera riqueza de la exposicion. No tiene sentido una reunión de obras, si no existe un nexo que las cohesione. Aparecen aquí miles de posibles discursos que tienen la capacidad de ofrecer una visión al visitante. Cada lienzo es una historia en sí misma, pero también y al mismo tiempo la posibilidad de crear un relato. Una unidad de composición que nos deja, como un amigo mío decía, migas de pan. Señales que nos conducen a nuevas experiencias, nuevas interpretaciones.
Parece que la avaricia de los organizadores, antepone las estadísticas de visitas a hacer una visita en condiciones. Si la cultura tiene ser pública, tendrá que serlo con unas características de calidad y con la pretensión de ofrecer al público algo más que la simple presentación de las obras. Si no se cumplen estas caracterñisticas no se puede otorgar, bajo ningún concepto, el título de Exposición.

Ver a Delacroix nunca decepciona, porque lo mágico de su pintura siempre está presente, siempre me cautiva. Pero si vais a ir, recordad que estar a solas con Delacroix es una cita con todo lo romántico y sensual que ello supone. Con los nervios previos, el coqueteo, y si me pones hasta la última copa en el apartamento. Pero ver de lejos a Delacroix con treinta personajes entre medias y los flashes rodando, no es más que intentar pedirle un autógrafo a la estrella de turno y alcanzar a verla entre las cabezas. ¿Tu con qué te quedas? A mí desde luego, siempre me fué más lo del apartamento...

El peluche "Punset" y la vida del extraterrestre.


Hola bloggeros:

Aunque casi toda mi vida he venido dedicando mis esfuerzos a la literarura, hoy dedicaré este espacio a hablar acerca de libros de divulgación científica. Coincidiendo con mi lectura de Excusas para no pensar de Eduard Punset editado por Imago Mundi, me planteo algunas cosas.
Sin duda este libro presenta algunas características especiales. No es habitual encontrar ensayos de este tipo en los primeros puestos de las listas de venta. El mundo en el que vivimos, al contrario de lo que cabría pensar, vuelve a sustituir la ciencia por la supertición. Pese a toda nuestra formación escolar y profesional, a Internet, a la cultura al alcance de todos, las demostraciones científicas están cada vez más devaluadas socialmente. Quizás sea debido al bombardeo constante de información, y de información contradictoria, que encontramos en los medios de comunicación. Puede que esta saturación nos esté llevando a buscar la desinformación. ¿Pero qué será de nosotros si renunciamos, no ya a la información, sino a los conocimientos?.
Si el hombre es quien es se debe en gran medida a su curiosidad y a su búsqueda de respuestas. Y sin embargo la tendencia general es la de ensalzar a aquellos personajes que hacen ostentación de su falta de cultura y conocimientos, de su incapacidad de respetar a los demás y de su ausencia de curiosidad, el mayor pecado de todos. Al mismo tiempo, todo aquel que demuestre estos valores, es rápidamente acallado por pedante y en definitiva “resabiao”. Quizás la culpa sea de éstos últimos por no saber transmitir su entusiasmo y pretender darse un aura de intelectual que todos sabemos que repele a cualquiera.
Este mismo aura lo encuentro yo misma en ciertas ocasiones en las páginas de Punset, incluso en su programa televisivo. Sin embargo reconozco lo agradable e inspirador que es tener en las manos un libro que responde preguntas pero que sobre todo las plantea. ¿Por qué conozco tan poco acerca de mi mismo? ¿Por qué toda esta información no está en la tele, ni en las redes sociales, ni en los blogs? ¿Por qué en el 70% de las ocasiones no interesa?. Parece ser que el gran axioma creado por los griegos de “conócete a ti mismo”, si bien el sentido que ellos pretendían darle era bien diferente, ha perdido su vigencia. Y sin embargo para Punset este es el único camino que tenemos para ser en verdad nosotros mismos.
Tengo que reconocer que he disfrutado con su lectura, no por su prosa aunque se agradece la sencillez, sino por su contenido. Por ese runrún que se te queda en la cabeza diez minutos después de haber cerrado el libro. Qué sensación tan maravillosa es el estar lleno de dudas y al mismo tiempo de ganas por seguir descubriendo más y más. Es como el primer día de escuela cuando tienes la suerte de tocar con un buen profesor. De repente de sientes parte de este mundo y por un rato, mientras corres a casa,  ni la Belén Esteban más pintada puede hacerte sentir como un extraterrestre.